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¿Cómo serán las universidades en el futuro?

Las facultades del futuro serán totalmente diferentes a cómo las conocemos hoy en día, y puede que la pandemia del Covid-19 haya acelerado y adelantado el proceso de cambio unos años en tan solo unos meses.

La universidad necesita transformarse e instaurar las nuevas tecnologías, adaptándose así a las necesidades de los estudiantes actuales y ayudándoles a adquirir las habilidades necesarias para los nuevos trabajos que van surgiendo en el siglo XXI. Los expertos pronostican una verdadera revolución en las universidades. Algo que se ha producido en otro sector caracterizado por la transmisión de información y conocimiento como es, por ejemplo, el de los medios de comunicación. Si las predicciones se cumplen, las facultades deberán afrontar más pronto que tarde un proceso de auténtica transformación. Pero todos sabemos que este proceso no es nada sencillo, sino que está lleno de retos y dificultades que poco a poco hay que ir superando para avanzar en el camino hacia la modernidad en las aulas del futuro.

Aunque en muchos casos todavía no se ha iniciado ese proceso de transformación, sí hay iniciativas que están apostando por la modernización de la enseñanza universitaria y llevando a cabo proyectos que convierten sus universidades en las más innovadoras del mundo.

Un ejemplo muy claro sería el «Proyecto Minerva«: Promueve la creación de la primera universidad global de la historia, pero, ¿y esto qué quiere decir? Muy sencillo, este centro de escuela superior no tiene un campus fijo, y los estudiantes pueden provenir de cualquier parte del mundo. Además, todos los alumnos viven ni más ni menos que en siete lugares diferentes a lo largo de los años de la duración de su carrera: Seúl, Taipei, Berlín, San Francisco, Buenos Aires, Londres, y Hyderabad. Los estudiantes pasan seis meses en cada una de estas ciudades, en las que realizan diversas actividades en colaboración con los ministerios de Educación y Cultura.

Para su admisión, los futuros universitarios deben de pasar un riguroso proceso selectivo que  se realiza íntegramente online y en el que solamente se responden tres preguntas: quién eres, cómo piensas y qué has logrado.
Las clases son de forma virtual y se basan en la neurociencia aplicada al aprendizaje. La duración de cada una de ellas es de una hora y media con 18 alumnos y profesor conectados de forma simultánea. En vez de exámenes, se apuesta por la evaluación continua, debido a que los profesores están obligados a ir enviando anotaciones a cada uno de sus alumnos en un plazo máximo de cinco días después de cada clase.

Otro ejemplo sería el «Proyecto Polymath«: Su propuesta gira al rededor de un aprendizaje enfocado a la realización de proyectos. “Las escuelas de hoy, desde la guardería hasta el nivel de doctorado, les enseñan a los estudiantes a enfrentarse a los problemas fáciles con una única solución rápida. No hay ningún elemento de desafío, y el fracaso se castiga en lugar de verse como una oportunidad para el crecimiento”, afirman sus creadores. Debido a esto, en el diseño de su oferta educativa todo el plan de estudios comienza por establecer los objetivos del estudiante. En el trabajo que tiene que realizar durante el curso, elegido por el alumno, está orientado a acercararle a ellos, es decir, si necesita materiales o recursos para poder llevar a cabo sus proyectos, el centro se involucra para conseguirlo.
Además, se fomenta que los estudiantes adquieren habilidades de liderazgo y creatividad, ya que estar al frente de la materialización de una idea supone un entrenamiento natural en este tipo de aptitudes que se complementan con clases específicas orientadas a ello.
En este tipo de aprendizaje no se obtiene un título de especialización en un campo, ya que las destrezas que un alumno necesita para completar un proyecto comprende de una disciplina. Aún así, el rigor en la educación no se pierde y los conocimientos que se logran de los diferentes campos involucrados son certificados.

En definitiva, lo que sí parece estar claro es que las universidades del siglo XXI, en una sociedad y una economía cada vez más basadas en el conocimiento, jugarán un papel importantísimo en la competitividad futura de los países y en la construcción de una sociedad avanzada y de progreso en la que se demandarán personas flexibles, proactivas y con un espíritu de adaptación y supervivencia.

Manuel Diego Berrocal