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Los juguetes sexuales en el punto de mira de los hackers

Muchos de ellos están fabricados en países que no atienden las normas de seguridad y privacidad de Europa, por lo que pueden almacenar datos como hábitos, lugares, horarios, imágenes o conversaciones.

La industria de los juguetes eróticos se ha reinventado en los últimos años, y ahora no resulta extraño que uno de esos artilugios posea tecnología bluetooth y sea facilmente conectable al móvil o a cualquier otro dispositivo electrónico. Debido a eso, la empresa especializada en ciberseguridad S2 Grupo ha observado que la «sexnología» (sexo+tecnología) ha experimentado un incremento notable, lo que ha multiplicado los ciberriesgos y ha situado los juguetes sexuales como un nuevo objetivo de los delincuentes de la red.

El principal inconveniente en la protección de los datos es el hecho de que la gran mayoría de fabricantes dan prioridad a la funcionalidad, la apariencia y el coste. A la hora de fabricar un portátil, la seguridad de este es algo clave en lo que las empresas hacen especial hincapié. Con los juguetes sexuales, por el contrario, los fabricantes descuidan este aspeto, lo que ocasiona serios problemas sobretodo con aquellos productos que son de fuera de Europa, ya que la UE tiene unas férreas normas de seguridad y privacidad, pero los que son importados pueden tener una seguridad muy vulneable y fácilmente quebrantable.

Según la ingeniera informática Ángela García Valdés, especialista en tecnologías de seguridad y técnico del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), todos los dispositivos conectados almacenan gran cantidad de información personal y eso, combinado con su vulneable seguridad, provoca que muchos de nuestros datos queden expuestos ante terceros que poseen malas intenciones. Por eso es importante informarse para reforzar la seguridad y configurar los dispositivos correctamente

Una de las maneras de fortalecer la seguridad es configurar correctamente la conexión y si es posible incluso crear una red separada para ese tipo de dispositivos. Una vez hecho eso, es importante conectarlos a la red solo cuando se estén utilizando, así como utilizar contraseñas seguras y diferentes a las que se suele usar y eliminar periódicamente los registros y el historial.

Asimismo, otro de los problemas que preocupa a los especialistas es el hecho de que la información que se sustrae de los ataques a estos dispositivos puede acabar en el comunmente denominado «mercado negro» o ser reutilizada para lanzar otro tipo de ataques de ingeniería social contra los mismos usuarios ya que, cuanta más información tengan sobre ellos, más sencillo resultará que el siguiente ataque tenga éxito.

Asimismo, también se ha acuñado ya el término «sextorsión», el cual consiste en chantajear a una persona con una imagen o vídeo de contenido sexual. Además, si el juguete erótico es hackeado, el responsable podría manipularlo a su antojo, como sucedió con el caso de un delincuente que pidió «un rescate» a una persona tras hackear y bloquear el dispositivo que estaba utilizando -en este caso, un cinturón de castidad-.

Las recomendaciones de los expertos para evitar este tipo de ataques son: contraseñas robustas y únicas para esos dispositivos, no utilizar nunca redes wifi públicas y contrastar la seriedad del fabricante y su compromiso con la seguridad y la protección de los datos.

La especialista del INCIBE, García Valdés, ha recomendado que, antes de comprar este tipo de dispositivos, es relevante conocer la política de privacidad del fabricante y analizar cuestiones como la información que recopila, qué hace con ella, si es compartida con terceras empresas, y dónde, cómo y por cuánto tiempo se almacenan los datos.

Malena Sánchez