San Isidro

Borja Jiménez conquista Las Ventas con valentía y entrega

La desigual corrida de Santiago Domecq, complementada por un toro de Luis Algarra, ofreció un espectáculo que osciló entre la mediocridad y momentos de auténtica bravura
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Imagen: @LasVentas


La tarde del 31 de mayo en Las Ventas dejó una mezcla de desilusión y triunfos parciales, destacando la valentía y entrega de Borja Jiménez frente a un encierro de Santiago Domecq que, en general, dejó mucho que desear.


Ficha técnica 

- Viernes, 31 de mayo de 2024. Décimo cartel de «no hay billetes» en San Isidro (22.964 espectadores). Sol y calor. Las Ventas.


- Ganadería: 5 toros de Santiago Domecq y 1 (4º) de Luis Algarra, noble pero flojo y sin transmisión el 1º; muy castigado el apagado 2º; encastado el 3º; noble y de buena condición el remiendo de Algarra; excelente el bravo y enclasado 5º; geniudo el 6º. Encierro de pobre presencia.


- Diestros:

Uceda Leal  (celeste y oro): Estocada (ovación con saludos); y pinchazo y estocada (palmas).

Alejandro Talavante (catafalco y plata): Estocada (silencio); y estocada y tres descabellos (ovación).

Borja Jiménez (berenjena y oro): Pinchazo y estocada (oreja); y estocada (ovación).



La décima corrida de "no hay billetes" en San Isidro dejó una tarde de emociones encontradas en la Plaza de Las Ventas, con 22.964 espectadores bajo un sol abrasador. La desigual corrida de Santiago Domecq, complementada por un toro de Luis Algarra, ofreció un espectáculo que osciló entre la mediocridad y momentos de auténtica bravura.

Borja Jiménez se enfrentó a "Experto", el tercer toro de la tarde, un ejemplar escurrido pero cornalón que sacó carácter, movilidad y entrega. A pesar de ser protestado de salida, el toro demostró intensidad, y Jiménez, con una entrega descarnada y valiente, cambió el rumbo de la tarde. Tres muletazos rodilla en tierra hicieron vibrar la plaza, transformando una corrida que había empezado a la contra debido a la pobre presentación de los toros de Santiago Domecq. Jiménez, con una entrega total, continuó su faena con las dos rodillas en tierra, toreando ajustado y largo, antes de erguirse y completar tres tandas vibrantes a derechas. Aunque su labor bajó de intensidad al cambiar a la izquierda, retomó el dominio con la derecha, culminando con dos trincheras arrogantes y una gran estocada que tumbó al toro sin puntilla. La oreja obtenida fue un reconocimiento justo a su compromiso y verdad, recibiendo al final del paseo una ovación en recuerdo de su última tarde en Las Ventas, el 8 de octubre, cuando cortó tres orejas a una corrida de Victorino. Apenas una hora después, paseaba feliz su cuarta oreja en esta plaza.

El sexto toro apuntó cosas prometedoras desde el principio, especialmente tras dos formidables puyazos de Alberto Sandoval. Sin embargo, la bravura inicial se tornó en genio en el tercer muletazo, convirtiendo la lidia en un toma y daca donde Borja Jiménez sorteó tarascadas y derrotes con valentía, lidiando con un toro que resultó ser bravucón e incómodo.

Uceda Leal mostró su maestría en la lidia del primer toro, administrándolo con paciencia y sin exigirle demasiado al principio, para luego disfrutar y exigir al final. Aunque el toro careció de intensidad, Uceda defendió su bravura con una estocada que le valió una ovación. Su faena al cuarto toro, un remiendo de Algarra, fue exquisita en su inicio, pero quedó en detalles sueltos, sin atreverse a cruzar la frontera de la intensidad. Sorprendió ver a Uceda pinchar un toro, algo inusual en su trayectoria.

Alejandro Talavante, vestido de catafalco y plata, no encontró su sitio en la lidia del segundo toro, que tuvo un comportamiento mortecino tras un excesivo castigo en el caballo. Sin convencimiento ni pasión, Talavante trasteó sin lograr conectar con el público. Sin embargo, el quinto toro, de extraordinaria nobleza y bravura, parecía hecho a medida para un triunfo grande. Talavante, sin embargo, optó por fuegos de artificio en lugar de la pureza que en su día lo hizo grande, desilusionando a una afición entregada. Aunque logró una ovación, fue evidente que Talavante no estaba a la altura de la categoría del toro.

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