Plaza de Toros de Las Ventas, Madrid. Miércoles, 5 de junio. Lleno de «no hay billetes», sol y calor.
Ganadería: 6 toros de Victorino Martín, de muy seria presencia, cornalones y astifinos. El 1º no tuvo ni un muletazo, con un buen pitón derecho el 2º; noble el 3º; apagado el 4º, noble y desentendido el 5º; con dificultad el 6º.
Diestros:
PACO UREÑA (rosa y oro): Dos pinchazos y casi entera atravesada y delantera con diez descabellos (silencio tras dos avisos); casi entera (vuelta al ruedo tras petición y aviso); pinchazo y bajonazo casi entero y atravesado y estocada atravesada (silencio tras aviso).
BORJA JIMÉNEZ (verde hoja y oro): Pinchazo, media estocada con cuatro descabellos (silencio tras aviso); estocada y descabello (silencio); pinchazo y casi entera (silencio).
La tarde del 5 de junio en Las Ventas prometía emociones fuertes con una corrida de toros de Victorino Martín, conocida por su seriedad y bravura. Sin embargo, el resultado final dejó a la parroquia con una mezcla de frustración y desilusión, mientras Felipe VI, desde el palco real, presenció una jornada que no cumplió las expectativas.
El primer toro no ofreció opciones a Paco Ureña. Su comportamiento deslucido y sin transmisión dejó claro desde el principio que la faena sería complicada. Ureña, tras intentar ligar los muletazos, se encontró con un derrote certero que le rasgó la taleguilla, lo que prácticamente acabó con cualquier esperanza de lucimiento.
El segundo toro, con un gran pitón derecho, fue mejor entendido por Borja Jiménez. La faena, aunque intensa, no terminó de explotar. Jiménez aplicó las claves necesarias: mantener al toro en línea, evitar que tropezara, taparlo bien y no alargar las series de muletazos. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, el toro no tenía recorrido por el pitón izquierdo, y la faena se quedó a medio camino. Aun así, el toro puntuó alto y recibió una ovación en el arrastre.
Japonés, el tercero de la tarde, impresionó por su descomunal presencia y sus pitones cornivueltos. Sin embargo, su comportamiento en el ruedo no estuvo a la altura de su apariencia. Ureña, demasiado precavido, no logró aprovechar las medias embestidas y el toro, aunque noble, nunca terminó de entregarse. La faena se desvaneció sin grandes momentos y, aunque la muerte del toro fue espectacular, no bastó para levantar el ánimo del público.
El cuarto toro, noble pero apagado, fue una consecuencia directa del excesivo castigo en el caballo. Borja Jiménez no logró destacar con este ejemplar ni con el sexto, ambos sin transmisión y sin ofrecer opciones claras para el lucimiento. La falta de colocación y el castigo desmedido de los piqueros provocaron abucheos del público, que se sintió defraudado por la falta de brillantez en las suertes de varas y banderillas.
El quinto toro, noble pero desentendido, no encontró a un Ureña convencido. La faena navegó en la indiferencia, sin conseguir despertar el interés del respetable. La tarde se cerró con un sexto toro de difícil lidia y con un Borja Jiménez que, aunque tesonero, no logró centrar la atención.
En resumen, la corrida de la Asociación de la Prensa no dejó momentos memorables. Los toros de Victorino Martín, aunque de imponente presencia, no ofrecieron embestidas claras ni entregadas, y los toreros no encontraron la fórmula para brillar en una tarde que quedó marcada por la falta de emoción y competencia. La irreprochable presentación del encierro fue la única nota positiva en una jornada que prometía mucho más de lo que finalmente ofreció.
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