La cuarta corrida de abono de la Feria de Salamanca se anunciaba como el gran cartel de la semana, con la presencia de Alejandro Talavante, Roca Rey y Pablo Aguado, y bajo la siempre esperada divisa de Garcigrande.. El ruedo, en perfectas condiciones, permitió el desarrollo de una jornada taurina marcada por el triunfo de los diestros, que se repartieron seis orejas, culminando en una triple puerta grande.
El paseíllo arrancó bajo la lluvia, con Talavante y Aguado vistiendo de verde esperanza y oro, mientras que Roca Rey optaba por un traje de tabaco y oro. Desde el principio se palpaba la expectativa entre el público, deseoso de ver brillar a estos tres toreros de renombre. El primero en abrir la tarde fue Alejandro Talavante, que enfrentó un toro protestado de salida por su falta de presencia. El extremeño demostró tesón y voluntad, basando su faena por el pitón izquierdo y logrando conectar al público en momentos sueltos. Sin embargo, la faena no terminó de romper. Tras pinchar y dejar una estocada, el público le premió con una ovación.
Roca Rey, por su parte, se enfrentó a un segundo toro noble y manejable. La faena del peruano destacó por dos momentos de alto voltaje: un circular por la espada al inicio y un pase cambiado en el tramo final, lo que encendió a los tendidos. Pese a su firmeza y cercanía en los terrenos del toro, un pinchazo antes de la estocada final le privó de una mayor recompensa, quedando en una ovación con saludos tras una petición leve.
Pablo Aguado llegó dispuesto a marcar su regreso a La Glorieta. Con un toro de Garcigrande de excelentes hechuras y comportamiento noble, Aguado ofreció una faena de gran calado estético. Los remates de sus series, con trincheras y ayudados de enorme belleza, arrancaron los aplausos del respetable. A pesar de que el toro perdió fuelle, Aguado mantuvo el tono artístico en cada muletazo. Una certera estocada le valió la primera oreja de la tarde.
El momento álgido de la corrida llegó en el cuarto toro, Querido, un ejemplar de Garcigrande que resultó soberbio de principio a fin. Talavante no consiguió aprovechar del todo las extraordinarias condiciones del astado, que demostró nobleza y clase en cada embestida. Sin embargo, la calidad del toro fue tal que surgió una tímida petición de indulto, aunque no procedió. Talavante culminó la faena con un pinchazo y una estocada, lo que le permitió cortar dos orejas y dar la vuelta al ruedo junto al toro, que fue premiado en el arrastre.
Roca Rey, fiel a su estilo combativo, supo sacar partido al manso quinto toro, que buscó constantemente refugiarse en tablas. El peruano, con una faena de entrega y mando, mantuvo al público al borde de los asientos, especialmente en el tramo final, donde se entregó en un arrimón espectacular. La estocada fulminante le valió las dos orejas, sellando así su pase a la puerta grande.
Para cerrar la tarde, Pablo Aguado volvió a dejar destellos de su calidad artística ante el sexto toro, un astado de noble condición pero sin demasiada entrega. El sevillano volvió a dejar huella con muletazos de gran cadencia y torería. Una faena que, sin llegar a ser redonda, le permitió cortar una segunda oreja tras una buena estocada.
La tarde terminó con Talavante, Roca Rey y Pablo Aguado saliendo a hombros, en una jornada donde brillaron las embestidas de los toros de Garcigrande, especialmente Querido, y la torería de la terna.
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